Sin saber cómo, un día llegas a la oficina y te encuentras una Blackberry, un Ipod o algo similar en la mesa. ¡Ala! Para que sea más eficiente.
Al principio se agradece el regalito. Nueva herramienta, software de refresco, correo al instante. Poco después aparecen las ganas de estamparlo contra la pared. Su uso puede convertirse en una molestia. ¿Cómo domar este artilugio?
Muy sencillo. Yo sigo los siguientes consejos:
- a) Adaptar su funcionamiento a nuestro sistema de gestión.
- b) No introducir programas superfluos que nos puedan despistar del uso principal. Eliminar todos los que no aporten valor a nuestros quehaceres diarios.
- c) No consultar el correo constantemente sino a períodos constantes.
- d) Usar una cuenta de correo alternativa para separar lo laboral de lo personal. Puede servir también de almacén ocasional.
- e) Utilizar masivamente la grabadora de sonidos, el editor de tareas o la cámara de fotografías para descargar la mente y apuntar cualquier idea interesante.
Insisto, el móvil debe adaptarse a nuestro sistema y mejorarlo. De lo contrario será un estorbo.
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