
El pez grande se come al mediano, éste al pequeño y el más chico hace lo que puede. Esta es la verdadera escala de subcontratación.
En tiempos de crisis los mercados derivan hacia posiciones muy peligrosas para los escalones más bajos. Escribo cuatro situaciones que he sufrido recientemente:
- Poca actividad que se reparte entre pocos. Parte de la competencia desaparece y el mercado se reduce.
- La actividad pasa a ser gestionada por la propia empresa grande. Parte de la competencia es absorbida o eliminada y el mercado se reduce.
- La actividad desaparece. No existe competencia ni mercado.
- La empresa grande es comprada por otra. Aparece nueva competencia. El mercado no se mueve durante un tiempo.
Salvo la tercera, todas obligan a realizar un esfuerzo titánico y nos acercan al abismo. Porque no nos engañemos, la crisis se ha traducido en unos recortes brutales de los márgenes de beneficios y en unas condiciones de facturación imposibles. Si a todo eso le añadimos la dificultad para conseguir financiación, llegamos a la conclusión de que ser empresario es un deporte de máximo riesgo.
Si hay menos competencia, te dicen que debes estar agradecido porque han contado contigo y ahora debes devolver el favor apretándote el cinturón. Si hay más competencia, porque te pisan y debes acelerar el paso. La cuestión es que el pez grande tiene menos trabajo y lo vende caro.
¿Qué hacer? Pues vamos a reducir gastos, salidas, nóminas, stock y todo lo que resulte prescindible. Hablamos con nuestras empresas colaboradoras y firmamos nuevos contratos con ellas.
Una vez conseguido, volvemos a hablar con la empresa madre. ¡Sorpresa! Nos dice ahora que necesita flexibilidad. Es decir, que nos va a dar trabajo cuando lo tenga, a trompicones. Además, ha reducido el número de contratas para que el pastel se reparta entre menos. Un pastel exiguo para contratas con una cuenta saneada.
Bueno. No pasa nada. Lo que me piden se llama dimensionamiento flexible. Reducimos plantilla, modificamos horarios, transformamos tipos de contratos laborales y refirmamos con las subcontratas. También comenzamos a traspasar cargas financieras hacia abajo.
Nos reunirnos de nuevo con nuestro cliente. Esta vez incide en que la crisis está haciendo mella en todos los estamentos y que aún tenemos pulmón monetario para aguantar. Los ricos también lloran pero sólo en el hombro adecuado. Hay que dar una vuelta más de tuerca y nos dice: “la solución está en la calle”.
En efecto. En la calle hace frío. Algunos han asumido riesgos que los han hundido. Otros más precavidos intentan buscar nuevos lugares donde lanzar la caña. La cuestión es que poco a poco tu empresa se convierte en pez chico, el último escalón. Tanto se ha aquilatado que ya no queda para repartir. Al pez mediano no le queda más remedio que tragarse al chico y escupir la raspa por un colmillo. La pregunta es quién será el siguiente.
Así es, la calle te hace pensar y tomar decisiones.
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